Las Gavetas de mi Papá

Dad's Dentures(Click here to read in English)
Nunca he pensado mucho en la muerte. Todos morimos. Mi hermana murió siendo una mujer jóven, cuando yo tenía 17 años y mi mamá cuando yo tenía casi 40. Ambas fueron muertes sumamente dolorosas para mí, haciéndose más aún con el paso del tiempo. Pero fuera de un sentimiento muy íntimo de pérdida y añoranza, y una presencia contínua, como cicatrices en mi alma, nunca realmente me detuve a pensar mucho en ello. Y así, el 1ero de Marzo, me despertó la noticia del fallecimiento de mi papá, mientras dormía, posiblemente justo antes del amanecer, a unos 3.000 kilómetros de distancia.

Tenía 89 años y si bien era algo que más o menos me esperaba, y para lo cual estaba preparado, la muerte nunca deja de sorprenderlo a uno.

Mi papá fue un hombre muy especial. Jamás conocí a nadie que pudiera superar o alcanzar su pesimismo. La desesperanza era su característica más prominente y tener un hijo fascinado con el esquí, la espeleología y el submarinismo debe haber sido todo un reto para él. Me cuidaba como una madre, al punto que yo nunca dejaba de llamarlo para el día de las madres, en lugar del de los padres.

Por otro lado, fue la persona más afortunada que jamás conocí: La mayor parte de su adolescencia le fue arrancada de las manos por la guerra – primero en Auschwitz, a donde fue por insistencia de su madre de que se quedara con la familia, ya que lo que realmente deseaba hacer era ingresar a la resistencia y combatir a los Alemanes, y luego, en 1948, tan pronto como desembarcó en Israel tras pasar un año en un centro Inglés de detención de inmigrantes ilegales, en Chipre. Casi muere de una infección tras comer la carne cruda de un caballo mientras hacía trabajos forzosos, recibió varios balazos, emergió intacto de una pelea de cuchillos estando en combate, consiguió un trabajo como salvavidas a pesar de no saber nadar (luego aprendería), se enteró de que acababa de sobrevivir un ataque cardíaco tras caminar por dos horas, con dolor de pecho, justamente para ver a su médico, sufrió un derrame en el 2010, pero sus habilidades cognitivas permanecieron intactas y se recuperó casi por completo en un año, la mujer que cuidó de él los últimos cuatro años de su vida resultó ser un ángel y, como si en una última racha de buena suerte, murió en paz, mientras dormía, sin señal alguna de dolor o sufrimiento, el 1 de Marzo del 2015.

Viajar de Nueva York a Caracas toma unas 14 horas y, en mi caso, esto significó partir del aeropuerto Kennedy en la tarde y pasar la noche en el aeropuerto de Trinidad, para llegar, finalmente, la mañana siguiente.

La casa de mi papá se sentía extraña sin él. No vacía, ya que está repleta de las cosas de mis padres y sus recuerdos. La única otra ocasión en la que llegué y estuve solo alli fue cuando hospitalizaron a mi mamá, unos días antes de morir, en el 2002.

Ya él está enterrado. Se siente extraño escribir esto. He pasado los últimos días hurgando entre sus cosas mientras dejo sus asuntos en orden y a medida que reviso gavetas y armarios repletos con cachivachis y cuentas viejas, voy encontrando a mi papá. Y la imágen que se revela está hecha de fragmentos familiares y fragmentos que no lo son. Me hallo a mí mismo en su incapacidad de dejar ir documentos y cuentas viejas, ahora inútiles, muchas más tijeras que cosas que cortar con ellas, tornillos, repuestos eléctricos que ya no funcionan, fotos, herramientas, cédulas de identidad e innumerables copias de ellas, cartas, plumas, pornografía, dientes postizos, anteojos. Mucho de lo que encuentro me recuerda lo que yo he acumulado. Yo también poseo unos cuantos recipientes repletos de tornillos y tuercas oxidados “porque nunca se sabe cuándo harán falta,” repuestos de computación, incluso dos tiradores de cremallera que debiera botar porque está claro que nunca voy a conseguir nada que hacer con ellos.

Toda su vida, o las partes que atesoró al menos, está regada por todos lados y, a pesar de que estoy seguro de que esto está regido por algún orden, este no se materializa ante mis ojos. Encuentro cosas que conozco pero también algunas que me son nuevas y, de mayor importancia, aún, cosas que dejan entrever detalles crudos acerca de él que no conocía: éra mucho más meticuloso de lo que jamás supe: hay diagramas eléctricos dibujados y anotados usando cuatro colores distintos. Mantenía libros contables increíblemente detallados de la actividad diaria de todos los negocios que llegó a tener. Yo pensaba que él era tan solo un socio en la compañía de helados más icónica de Venezuela, pero lo cierto es que él amaba su trabajo y era un maestro de la heladería – tan solo para elaborar helado de vainilla, conseguí ocho recetas! (no me sorprende que el web site de Crema Paraíso no lo mencione a él o a mi tío Henrique como las dos personas que, en efecto, construyeron esa empresa, mientras su primo decidió abandonar la nave, poco tiempo tras fundarla, y mudarse a otro país con su familia – si, estoy iracundo por esto, lo he estado por mucho tiempo y ahora, mientras lloro a mi papá, me siento con libertar de decir lo que siento.)

Los Judíos debemos permanecer sentados por una semana tras la muerte de un ser querido, tradición a la que tuve que renunciar, ya que soy el único sobreviviente de mi papá y no vivo aquí, siendo mi tiempo muy limitado. Mientras me abrumo y me siento exhausto por responder las mismas preguntas una y otra vez, por el papeleo y los cabos sueltos clamando ser atados, comienzo a apreciar la importancia del ritual como una manera de asumir poco a poco la pérdida y, de igual manera, dejarla ir. De alguna manera, esta travesía fotográfica entre las posesiones íntimas de mi papá me dieron una oportunidad de llorarlo a mi modo – conociéndolo nuevamente. Tocar cada artículo y reflexionar al respecto, mientras ordenaba cuidadosamente el contenido de sus gavetas para fotografiarlos, me dió una oportunidad adicional de estar con él como no había estado desde que era niño, cuando él era mi héroe y, de cierta manera ha recuperado ese halo de heroísmo ante mis ojos.

La idea de sumergirme en esto desde una perspectiva fotográfica me vino a la mente mientras empacaba frenéticamente para el viaje e, inspirado por el enfoque de David Brommer a fotografiar campos de battalla de la Segunda Guerra Mundial con una cámara 8 x 10, sentí que le debía a mi papá el hacerlo con película, usando aquella primera cámara que me compró en 1976, cuando yo tenía doce años, que seguía guardada en el armario de su habitación.

Lo que esto es en realidad, es una autopsia de su alma y, a pesar de que tengo la certeza de que voy a salir de esto con un entendimiento mejor acerca de quién fue mi papá realmente, nunca lo voy a conocer como lo conocían sus amigos o la gente que creció con él. Hay conversaciones que un hijo jamás tendra con su padre, pero a pesar de que me encantaría más que nada saber más de él, estoy en paz con esto. Sé que incluso si estuviera vivo, siempre habrían preguntas que yo no me atrevería a hacer, cosas que él jamás me diría porque, pues, simplemente, es así. No obstante, aún quiero armar tanto como pueda de este rompecabezas antes de botar una vida de cosas inútiles y dejar a un lado un manojo de recuerdos que atesoraré y dejaré de herencia, las cosas que él atesoraba, las cosas que usaba, las cosas de las que no podía deshacerse, antes de embarcarme en el largo viaje de vuelta, a mi familia, a mi esposa y mi hija, quienes son mi hogar.

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2 Comments

  1. Maurice Houli junio 21, 2015 at 12:58 pm #

    Lo que has escrito no solo me ha traido recuerdos y muy buenos momentos que comparti con tu papa Willy.Sus picardias me aliviaban el dia, aquellos dias en la fabrica de helados. Tu padre siempre guardaba meticulosamente su recetario y formulas con las cuales experimentaba y verificar resultados para luego implementarlos a manera industrial. Recuerdo tambien que abriamos una gran lata de anchoas portuguesas, untabamos mantequilla en el pan y colocabamos todos los filetes que quisieriamos, y lo disfrutabamos, y asi eran nuestros almuerzos entre chistes y risas, muchos carinos hacua tu oadre que me hizo pasar muy buenos momentos y su gran corazon..siempre alegre, que D-os lo bendiga siempre a donde este.

    • Alex Wieder junio 21, 2015 at 5:42 pm #

      Mauricio, gracias por tus bellas palabras y por dejarme saber algo más que no sabía de él.